INTERBARRIALES
Una Ayuda para el Comedor SOL NACIENTE
El Comedor SOL NACIENTE fue fundado en el Bajo Flores en 1998,
y comen allí diariamente 650 niños provenientes
en su mayoría de la Villa 1.11.14 . Voluntarios y colaboradores
nos ayudan a mantener abiertas las puertas día a día
ya que no recibimos apoyo oficial de ningun tipo.
Necesitamos su colaboración con lo que pueda, algún
alimento no perecedero, harina para hacer el pan en nuestra panadería
comunitaria o lo que esté a su alcance para que los más
de 600 niños que a diario almuerzan y meriendan en nuestro
hogar puedan continuar con su educación al disponer de
una mínima ración diaria.
Lamentablemente los que saquearon y devastaron nuestro hermoso
y rico país jamás pensaron que dejaban una generación
de criaturas que por sus deficiencias alimentarias jamás
tendran un desarrollo educativo como el que tuvieron sus padres,
y de seguir así las cosas todo apunta a empeorar el futuro.
Si quiere conocer algo más sobre la obra de nuestro Comedor,
visite la página que nos ha donado una empresa colaboradora
en www.solnaciente.org
, o conociendo nuestras instalaciones en
Agustín de Vedia 2440/42 de esta Capital.
Tenemos las puertas abiertas para que Ud. también participe
de la inmensa alegría de ayudar a los que más necesitan.
Si Ud no puede colaborar con alimentos pero desea incorporarse
a nuestros equipos de voluntarios en apoyo escolar, clases de
inglés, etc, lo esperamos con los brazos abiertos.
Gracias por su colaboración.
COMEDOR SOL NACIENTE : 4919-3873 / 4919 6217
Lidia Hernandez
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NOTICIAS URBANAS - SERVICIO INFORMATIVO "AHORA" - 02/12/2002
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LOS VECINOS SE UNEN PARA RECLAMAR LA SANCIÓN DE LA LEY
DE COMUNAS
La Asamblea de Palermo y la Red de Vecinos de Buenos Aires realizarán
una jornada dedicada concientizar a la población sobre
los alcances de la Ley de Comunas. El evento se llevará
a cabo el sábado 4 de enero. Participarán también
otras asambleas y organizaciones sociales de la Ciudad de Buenos
Aires
Por Martín Vedia y Mitre
La Red de Vecinos de Buenos Aires se comprometió a pelear
desde su creación -en agosto de 2002- para que la Ciudad
implemente los mecanismos de participación previstos en
la Constitución porteña de 1996. La Ley de Comunas,
la Ley Electoral y el Presupuesto Participativo son los ejes de
una campaña que los llevó a realizar varios debates
sobre la reforma política que, según sostienen,
debe adoptarse en este distrito.
En esta oportunidad, realizarán este sábado junto
a la
Asamblea de Palermo una jornada de concientización sobre
la
Ley de Comunas. La misma comenzará a las 11 con una
panfleteada en el barrio, continuará a las 16 con una charla
y culminará a las 18 con un debate del que participarán
otras asambleas y organizaciones no gubernamentales.
En uno de sus primeros documentos esta organización social
expresó que su deseo es "concentrar la voluntad de
cambio de los ciudadanos en construir poderes barriales independientes
y libres de todo aparateo y maniobra política partidaria".
Integran la Red de Vecinos de Buenos Aires las asambleas populares
no partidizadas, algunos centros culturales, centros de estudios
y periódicos barriales.
Fuente: Cono Sur
Autor: Martín Echenbaum
Ferro, mi club
Después de años de luchar, Ferro está en
quiebra. El club glorioso de los ´80 no soportó la
hiperinflación y la década menemista. Aquí
el recuerdo de alguien que nació y vivió en Ferro,
que disfrutó de sus mejores momentos para, finalmente,
un día borrarse.
Intenté escribir una nota, y me salió esto.
No se, pero mi primer partido de fútbol en serio lo debo
haber jugado en Ferro. Debía tener unos cuatro o cinco
años, y ya estaba en la colonia de vacaciones del club.
En aquellos años, principios de los ´80, eran tantos
los chicos que participaban de las actividades que se armaban
cientos de grupos, según la edad. Yo, por caso, era de
los taponcitos. Después venía el D,
el C, el B, el A y el Ce.De.Ju.,
que preparaba a los ya adolescentes para ser ayudantes de los
profesores.
De Ferro deben venir muchos de mis mejores recuerdos: las hazañas
deportivas, los amigos, las peleas, algún efímero
amor. Lo de las hazañas deportivas está claro: un
gol, ese gol inolvidable que a uno lo lleva a esa cúspide
monumental que provoca el reconocimiento ajeno.
De Ferro me acuerdo de las salidas a Pontevedra, la sede que tiene
el club en la provincia de Bueno Aires. Iba con mi familia y con
la colonia, un lugar lleno de verde, de canchas de fútbol,
una pileta enorme. Que loco, pero me acuerdo de esa pileta y me
imagino adentro, jugando como hace 10 o 15 años.
De Ferro me llevo a Nico y Santi, dos de mis mejores amigos,
compañeros de siempre de la colonia. Como olvidar ese nos
encontramos en la parada que preludiaba cualquier tarde
de verano en el club. Tardes enteras vagando por Ferro, jugando
en las correderas, arriesgando todo sin saberlo en los caños
que sostenían los juegos que están debajo de las
tribunas.
Hablo de Ferro y hablo de mi vida, sin dudas. ¿Qué
sentirás ahora, Nico, que estás en España
y te enterás de la noticia? ¿te acordarás
del día en que te probaste para el equipo de basquet en
el Etchart, y quedaste?
¿Y vos, Santi? ¿te acordarás de algún
caño tirado, de algún gol inolvidable, una pared?
Fragmentos perdidos de momentos de gloria.
Yo me acuerdo. Me acuerdo cuando, Nico, me enseñaste a
jugar al truco en el pasto de Pontevedra, para después
crear un sistema propio de señas, para después jugar
y jugar.
Me acuerdo de los profes de la colonia: Alejandro, Juan, Sergio,
Mara, Danilo. En la cabeza se me aparecen las caras de mil compañeros,
amigos o enemigos eventuales, según el grupo en el que
cayeran.
Perdón por la desprolijidad, pero no puedo elegir el modo
en que evoco mi vida. Me acuerdo del primer día de la colonia
de cada año. Era llegar a las tribunas o las correderas
y buscar a los amigos de siempre para estar todos juntos. Y rezar
para que nos tocara ese profe que la tenía clara.
Me acuerdo de la hiperinflación. Mi hermana me decía
siempre que cuando ella iba a Ferro no había lugar
para tirar la toalla cerca de la pileta. Con la híper
la clase media se fue del club. Mis viejos y mis hermanos se borraron,
sólo yo quedé, resistiendo desde la colonia y la
escuelita de fútbol.
Y ahora me doy cuenta de lo poco que me acordé en estos
años de estos recuerdos.
Está el día en que me dijeron si quería probarme
para equipo de Handball de Ferro. Todo un verano jugando y a los
pocos meses me federaron. Eso sí, cuando iba a jugar mi
primer partido, estoy hablando del año 93, a los 13 años,
decidí retirarme de la práctica activa de ese deporte.
Demasiada presión.
No fue mi único renunciamiento deportivo en el club. A
lo seis años estaba federado en gimnasia deportiva. Era
capaz de hazañas que jamás repetí, como eso
de abrir las piernas y tocar el piso con el pecho. Mi especialidad
eran las barras paralelas (según alguien, no se quien,
que me lo señaló años después) pero
decidí alejarme de la actividad: era mucho más interesante
mirar los dibujitos animados tomando la leche. A los nueve años
intenté volver: muy tarde.
A principios de los ´90 ya todo era distinto a lo que era.
El club se despoblaba, en la colonia ya no conocíamos todos
y el club se venía abajo. El basquet y el voley del club,
protagonistas de los ´80, eran ahora equipos mediocres y
sólo el fútbol retenía algo del fulgor de
la década pasada, la década de gloria del club.
Para 1987, Ferro tenía 50 mil socios, un par de títulos
en fútbol y otro par en basquet.
De los presidentes hay mucho que decir. Pero apenas recuerdo que
Felipe Evangelista era un chiste menemista y que Marcelo Corso,
apadrinado por Leyden, hundió todo lo que quedaba en pie.
Leyden dirigió al club en sus épocas de gloria,
pero no por eso me une a él un sentimiento de cariño.
En Ferro empecé a escribir. Fue en el taller de periodismo
gráfico del año 96, comandado por el querido Luisito
Vívori y que culminó con la edición, casera,
manual, fantástica, de la revista Avalancha, que tuvo un
solo número y cuyo único ejemplar existente de los
quinientos impresos debe ser, seguramente, el que tengo en mi
poder y acabo de leer.
Los últimos años en Ferro fueron de poca actividad.
Durante el año íbamos con Nico y Santi a ver al
verdolaga, siempre desde la tribuna del costado, la grandiosa
Peti D´Alessandro, incubadora de los más
ingeniosos cantitos y comentarios. Desde esa tribuna vimos a Ferro
salvarse del descenso varias veces, pero también varias
victorias resonantes. Y la cancha fue el espacio de las picardías.
Si la cuestión era entrar al gimnasio Etchart a ver basquet,
Nico y Santi se encargaban del operativo chamuyo del
de la puerta con las más variadas excusas, y también
del análisis del estado de las entradas alternativas al
estadio.
La otra fue más sencilla. El año del taller de periodismo
nos dieron unas credenciales. Lo que sigue se sabe: de allí
en adelante cada año nos presentamos ante los controles
alegando pertenecer a un taller de periodismo que ya no existía.
De Ferro me fui un día, como siempre nos vamos todos,
sin darme cuenta de que me había ido. Fue casi como natural,
ya no tenía nada que hacer allí, las tareas mías
y las de mis amigos nos fueron alejando del club, y un día
dejé de pagar la cuota. Volví algunas veces, para
extrañar un poco.
Y ahora, después de mucho penar, Ferro está en quiebra.
Y como yo debe haber tantos que le deben tanto a Ferro. Me preguntó
si Ferro no es un símbolo de un país que pasó,
del país de la clase media, de mandar los chicos al club,
del fin de semana en la pileta, de la socialización, del
barrio. Me angustio sabiendo que eso no vuelve, y si eso no vuelve
Ferro no vuelve. Ojalá que sí.